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                <text>CARTA DE SERGIO LARRAÍN A ALBERTO RISOPATRÓN</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0001_IMG_0108.jpg" class="glightbox" data-gallery="galeria-carta-larrain"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0001_IMG_0108.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;SERGIO  LARRAIN  G.  M.  -  ARQUITECTO&lt;br&gt;
SANTIAGO -MIGUEL DE LA  BARRA 554-FONO  62945&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;COPIA&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Santiago,  10 de Agosto/49&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Señor:&lt;br&gt;
Alberto Risopatrón B.&lt;br&gt;
Decano de la Facultad de&lt;br&gt;
Arquitectura y Bellas Artes&lt;br&gt;
Universidad Católica de Chile&lt;br&gt;
Presente&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Querido Alberto&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me voy a referir a las incidencias producidas entre los profesores y que tuvieron su desenlace en la última reunión de la Facultad a la que no pude asistir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;He dejado pasar estos días para pensar reposadamente y no escribirle bajo una impresión que podría haberme llegado a decirle cosas de las cuales quizás habría tenido que arrepentirme después. Pero he creído que siendo el más antiguo de los profesores, con veinte años de cátedra, tenía una obligación para con la Escuela, de dejar estampado mi criterio que ya he tenido ocasión de manifestar en varias reuniones y en una carta que le dirigí a Ud. en días pasados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ante todo, quiero expresarle que no es la discusión específica sobre bondades del curso de plástica para de 1º año ni sobre su postergación a 3º la que me mueve a decirle lo que sigue, sino su significado.&lt;br&gt;
No conozco en detalle la forma en que este curso se haría, y comprendo que puede prestarse a controversia el sistema pedagógico empleado para obtener un resultado positivo e el alumno. Una discusión sobre esos puntos desapasionada u objetiva no solo la habría considerado justa sino beneficiosa y habría sido un síntoma de que los verdaderos problemas de la Arquitectura y de la enseñanza, preocupaban a los profesores más que los de rutina y de reglamento. Pero desgraciadamente, la forma como se ha llevado esa discusión y las frases que han expresado algunos de los profesores han puesto para mi de manifiesto la indiferencia total de muchos de ellos y su incomprensión de la alta misión de una escuela de Arquitectura y particularmente de la de una universidad Católica que está llamada a fijar rumbos en el plano espiritual, estético social y técnico entre los problemas actuales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0002_IMG_0109.jpg" class="glightbox" data-gallery="galeria-carta-larrain"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0002_IMG_0109.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es pues, a estos males permanentes, evidenciados ahora, a los que me quiero referir, y no al síntoma incidental de la discusión del curso de plástica pura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quiero recordarle que reiteradamente y desde hace años habíamos venido repitiendo en la Escuela de que no había un programa coordinado y orgánico. Por falta de dedicación y de interés, se han venido corrigiendo y parchando desde hace años los cursos que presentaban problemas inesperados; se han suprimido unos, se han agregado otros, sin orden ni plan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al final de cada período se han llevado a la Facultad, reglamentos improvisados que hay que aprobar sin estudio para salvar situaciones imprevistas e impostergables y que a pesar de haber sido presentados como transitorios han quedado establecidos por desidia como definitivos. En cada una de estas ocasiones se han hecho los mejores propósitos, se han fijado fechas y nombrado comisiones para estudiar planes pedagógicamente coordinados, pero cada vez también la indolencia los ha dejado en el olvido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ante esta situación y viendo la falta de interés de las directivas, un grupo de profesores, conscientes de su responsabilidad se reunió periódicamente durante muchos meses e hizo un prolijo análisis de los estudios y elaboró sin que nadie ni nada los obligara, un plan completo con lógico desarrollo pedagógico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este plan, tras no pocas alternativas administrativas, fue aprobado por la Facultad más por indiferencia que por conocimiento de lo que se le proponía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este mismo programa, bueno o regular, pero que por primera vez era orgánico, ha sido destruido con ligereza ante la acusación de algunos profesores de que el sistema adoptado no había dado buenos resultados. Y esta destrucción se ha hecho, a mediados de año sin un estudio serio de un plan total de enseñanza sino inspirada en el laudable aunque imperante propósito de conciliar todos los puntos de vista. Hemos vuelto a caer en la política de la improvisación y del parche, de la cual tuvimos un momento la impresión de haber salido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se elaboró el programa a que me he referido, se señalaba encarecidamente la necesidad de que el profesorado tuviera una básica unidad de puntos de vista para poder desarrollar una labor armónica. Sin embargo, con el objeto de no descontentar a nadie, se puso en ese mismo momento, jefe de los estudios del grupo de Dibujo, Plástica y composición a Miguel Venegas, que discrepaba del programa propuesto. El nos ha dicho que ha estado un año “en el balcón” observando lo que pasaba y sin participación en la enseñanza y en su coordinación. Me parece imposible juzgar de los resultados de un sistema, en un período en que el jefe de estudios no se ha interesado en ellos; y en el que el plan se ha aplicado a medias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0003_IMG_0110.jpg" class="glightbox" data-gallery="galeria-carta-larrain"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0003_IMG_0110.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A mi juicio, esa política de conciliación que se aplicó entonces y se pretende aplicar ahora solo puede contentar a los indiferentes, pero me temo que los elementos más entusiastas y preparados, consideran que es un sacrificio estéril el seguir en una tarea que los impide hacer su trabajo profesional sin tener por qué los entusiasme y los convenza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una Universidad como la nuestra, que no puede ofrecer ventajas económicas solo puede tener un buen profesorado si existe un gran espíritu y una gran fé en una trascendental misión.&lt;br&gt;
Vaciarla de eso es labrar su ruina. Y son las directivas las llamadas a dar el ejemplo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y aquí llegamos a un punto, cuya gravedad no le quiero disimular. En la penúltima sesión de Facultad, Ud. manifestó que había que enseñar a los alumnos los “estilos” ya que más tarde por no perder trabajos en su vida profesional no podían dejar de hacerlos para los clientes que se los pedían. Esto equivale a reducir a nuestra profesión a una mediana carrera comercial y a quitarle esa finalidad magnífica que es la de dar a una sociedad en plena transformación, un educado marco de urbanismo y arquitectura que satisfaga sus profundas aspiraciones espirituales y materiales.&lt;br&gt;
Yo creo que nunca más que ahora el arquitecto tiene una misión que cumplir, que es ética antes que estética (sin que deba haber contradicción en estos términos) y deben ser las escuelas las llamadas a inculcarla particularmente las Universidades Católicas inspiradas en los altos ideales cristianos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se ha querido hacer aparecer el nuevo programa como basado en el materialismo y orientado únicamente hacia lo utilitario.&lt;br&gt;
Nada creo que está más lejos de los que lo elaboraron. Sabemos también que este no puede manifestarse si el artista no tiene los amplios conocimientos técnicos que constituyen los medios mismos de su expresión. No queremos ni líricos incompetentes ni virtuosos fríos, sino artistas sensibles al mismo tiempo que técnicos experimentados. Para oponerse a él se ha adoptado un sistema abandonado por las pedagogías mas atrasadas en el que el alumno hace un papel pasivo receptáculo de recetas destruyendo sus mejores cualidades.&lt;br&gt;
Nosotros proponíamos algo que realmente podía despertar en el joven toda su actividad creadora para resolver no solo los problemas de plástica y de técnica sino que también los numerosos problemas humanos que están planteados en espera de una solución.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A eso se ha opuesto un criterio de dogmas rígidos, que tiende a hacer pensar al alumno que ya todo se ha encontrado, que no existen nuevos caminos, y que la más prudente actitud es la de imitar lo que ya se hizo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0004_IMG_0111.jpg" class="glightbox" data-gallery="galeria-carta-larrain"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0004_IMG_0111.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nosotros hemos creído en lo vivo, otros en lo muerto.&lt;br&gt;
Nosotros queríamos que el alumno se preocupara de dar a todos los hombres, un hogar, un jardín, un pueblo alegre. Otros creen que es mejor proyectar palacios del pasado con vestíbulos de honor y escaleras imperiales.&lt;br&gt;
Nunca hemos desconocido que los edificios de profundo significado espiritual como el templo, constituyen el más alto campo de la Arquitectura, pero estamos convencidos que ellos también deben encontrar su elevada significación con los medios técnicos y dentro de las modalidades de cada época. A través de la historia vemos que solo nos habla la Arquitectura que fue en su tiempo sinceramente moderna, y que tenía grandes cosas que decir: la egipcia, la griega, la bizantina, la gótica, la barroca. En cambio la del siglo pasado, que en su eclectisismo arqueológico y académico, copió los mejores modelos de todos los estilos, es muda para nosotros. Esos son los ejemplos históricos que tienen verdadero significado y que deberían orientarnos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se dijo injustamente en las discusiones que queríamos eliminar el estudio de las Arquitecturas antiguas. Muy por el contrario. Pensamos que el análisis profundo de las mismas, es indispensable no solo para la cultura artística del alumno, sino para poder hacer una buena arquitectura del presente. Lo que no aceptamos, es que ellas sean impuestas como modelos para resolver problemas de nuestros días y mucho menos que se limite su estudio a una determinada cultura, que es la Romana, que vue de todas las clásicas la más carente de espíritu.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me parece que desde el punto de vista de desarrollo lógico de los estudios  se ha cometido también un gran error. Si se da a los algunos una base académica de órdenes a través del Vignola, me figuro que debiera ser para que crean en ellos como en la base verdadera de cada composición, y en ese caso deberían hasta 6º año seguir esos principios inspirando sus proyectos, lo que resulta evidentemente inadmisible. Pero si por otra parte, a partir de 3º o 4º año, se orienta al alumno en un sentido totalmente diferente, haciéndose hacer composición libre, y tendiendo a resolver con criterio proporciones y materiales de nuestra época los problemas arquitectónicos, el plan de estudios se derrumba entero por incongruente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me imagino, Alberto, que su falta de contacto con el profesorado y particularmente con el alumno de la Universidad, le hayan impedido darse cuenta del profundo malestar y desaliento que ha venido cundiendo al encontrar no en las directivas&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0005_IMG_0113.jpg" class="glightbox" data-gallery="galeria-carta-larrain"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/escuela/revolucion-uc-1949/carta-sergio-larrain/0005_IMG_0113.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;la constante preocupación por resolver los problemas que he señalado y muchos otros, como la mala elección e incompetencia de varios profesores y ayudantes, la inasistencia sistemática , los cambios permanentes de programa y de calificación, sin contar con la falta de espacio, libros y equipo.&lt;br&gt;
Esto ha llegado hasta el extremo de que alumnos de 4º año se han trasladado a la Escuela de Valparaíso en busca de más espíritu y más comprensión. Yo me temo que el significado de las medidas recientemente tomadas, tengan peores repercusiones de las que Ud. desde su distante y alta situación, puede prever.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestra Escuela ha llegado a una edad adulta y el ambiente Universitario es exigente. Es necesario que se les preste la atención técnica y pedagógica que requieren con constancia, dedicación y seriedad.&lt;br&gt;
Lamento tener que decir todas estas cosas pero ellas fluyen de la situación que no podemos seguir ocultando, y de la carta que le mandé hace poco tiempo. En ella le manifesté de que había dos tendencias irreconciliables en el profesorado entre las que había que elegir. Para ello le pedimos, que Ud. resolviera cuál era la que más convenía a la Escuela. Su fallo no ha venido a resolver esta situación, y en cambio se ha quitado la lógica unidad al plan de estudios. En estas circunstancias, y en el deseo de facilitar una solución, vengo a pedir autorización para dejar temporalmente mi curso de taller superior a partir del año próximo, con el objeto de dar al otro grupo la oportunidad de hacer su experimento en una forma total durante un período prudente. Previendo, sin embargo, que este ensayo no tenga éxito, no voy a renunciar a objeto de poder volver si fuera necesario a colaborar con el mismo entusiasmo y devoción por la Universidad que siempre he tenido y siempre conservaré.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si fuera necesario formar una comisión para estudiar honradamente una reforma del plan de enseñanza, para modificarlo o mejorarlo, yo me ofrezco desde luego para integrarla y trabajar en ella con entusiasmo, en el entendido de que los demás profesores que la compongan estén inspirados del mismo espíritu y haya entre ellos la básica unidad de iras fundamentales que ahora falta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No tengo resentimientos para nadie, y solo un gran desaliento al verificar que después de 20 años de esfuerzo para mejorar nuestra Escuela sigue imperando la improvisación y la superficialidad, inspiradas en los mejores propósitos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo saluda cariñosamente su affmo.colega y amigo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sergio Larraín G.M.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me voy a permitir hacer llegar copia de esta carta al Sr. Rector, el Sr. Director y a algunos profesores de la Facultad.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Ficha del Documento&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
Carta (copia firmada)&lt;br&gt;
De: Sergio Larraín G.M.&lt;br&gt;
A: Alberto Risopatrón B.&lt;br&gt;
Decano Facultad de Arquitectura y Bellas Artes&lt;br&gt;
Fecha: 10/08/1949&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;Tema:&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
Expone su posición frente a crisis del sistema de enseñanza imperante en la facultad.&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;Transcripción:&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
Daniel Vial&lt;br&gt;
20/04/2018</text>
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                <text>Carta general al Obispo sobre obra de Corral</text>
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                <text>&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/archivo/017/017_01.jpg" class="glightbox" data-gallery="jva017"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/archivo/017/017_01.jpg" style="max-width:430px;display:block;line-height:0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/archivo/017/017_02.jpg" class="glightbox" data-gallery="jva017"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/archivo/017/017_02.jpg" style="max-width:430px;display:block;line-height:0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h3&gt;TRANSCRIPCIÓN&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;--- Página 1 ---&lt;br&gt;Carta general al Obispo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1°. habiéndose terminado la obra de Corral, y en ello, la intervención de la Escuela en el Obispado, deseamos hacer [tachado] recuento de nuestra labor, no sólo en cuanto a sta obra, si no a todo lo encomendado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2°. Antecedentes de la Intervención de la Escuela.&lt;br&gt;a) La [tachado] Universidad desea colaborar en la Reconstrucción y encarga de su misión a la Escuela de Arquitectura.&lt;br&gt;b) La Escuela de arquitectura envía a todos los obispos, por intermedio de la comisión de Reconstrucción, dos cartas explicando los objetivos arquitectónicos, que a su juicio, plantea el terremoto y la relación que ellos tienen con los movimientos de renovación litúrgica, y las [tachado] posibilidades que existen de poner una acción conjunta de todos los obispos, [tachado] en los aspectos de construcción.&lt;br&gt;c) La Escuela de arquitectura realiza un primer viaje a la zona damnificada en julio de 1960, y hace un primer recuento de evaluación de daños, que permitan documentar una acción planificada.&lt;br&gt;d) al no recibir respuesta a ste proposición, ejecuta una exposición en los estudios [tachado] ejecutados hasta el momento en cuanto a evaluación de daños, en donde se exponen además, estudios de diócesis, lo cual formaría parte de una acción planificada conjunta en la reconstrucción.&lt;br&gt;e) De ste exposición recibe la Escuela el encargo, por parte del arzobispo Mons. Silva Santiago, de ejecutar 8 iglesias, correspondientes [tachado] a la zona costera de la Diócesis.&lt;br&gt;Esto permite plantear a la Escuela, una acción [tachado] constructiva en masa, y al Obispado, el contar con una zona completa de sus fieles relacionados - a través de sus templos - con una vida parroquial fundada en una interpretación de los propósitos de la renovación litúrgica.&lt;br&gt;los estudios urbanos, y regionales, no son encargados, de manera que ste obs permanecerán dentro de lo existente, en cuanto a lugares y capacidad y técnica pastoral.&lt;br&gt;f) Del Obispado de Osorno, recibe el encargo de reconstruir la Catedral y una parroquia&lt;br&gt;g) El Obispado de Valdivia encarga la ejecución de un estudio de la situación de los templos en la ciudad de Valdivia.&lt;br&gt;Una vez ejecutado ste estudio, la Escuela recibe el encargo de la construcción de la iglesia de Corral&lt;br&gt;En sta oportunidad, la Escuela propone al Sr. Obispo, una acción también masiva, en cuanto a la construcción, con el objeto de abaratar costos y permitir una política general de acción pastoral de adhesión simultánea.&lt;br&gt;La Escuela, por su cuenta, inicia un pre-estudio de la diócesis de Osorno y de Valdivia, con el objeto de ilustrar, a través de ella ya los Obispos, de la posibilidad que representan, en un sentido pastoral, el ejecutar [tachado] el templo y armonizar bajo un pensamiento, la totalidad de la diócesis; sto, visto el terremoto, como [tachado] un daño del cual puede obtenerse un beneficio único, la tarea que coincide y por en un [tachado] flujo de renovación dentro de la Iglesia, y que permitiría establecer [tachado], [tachado] en grandes masas de fieles, toda la vitalidad que puede desprenderse, no sólo de la destrucción, sino de la pobreza de medios, de la falta de sacerdotes, de las grandes distancias, de la falta de densidad, en un actuar [tachado] eficaz, realista, épico.&lt;br&gt;Nuestro pensamiento, al unificarse, va unido a la idea de que una acción colectiva, tan propia de nuestro tiempo, puede aportar también su riqueza a la vida espiritual de los fieles. Y que sta acción colectiva, puede realizar, como ya se ha hecho en la Iglesia de Santa Clara, en Algo, en pequeña [...]&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Página 2 ---&lt;br&gt;el aporte internacional, el aporte vecinal, el aporte diocesano, el aporte parroquial; puede realizar lo industrial, general, lo artesanal del lugar, el esfuerzo mínimo que la pobreza de cualquier lugar también quiere hacer presente en la construcción del templo.&lt;br&gt;Pensábamos que sta arquitectura, casi contradictoria que resultaría de stos aportes aparentemente discordantes, la podríamos gobernar, y que ella sería - tal vez a través de una incomprensión en lo inmediato - viva y fuerte, porque staba respaldada por una realidad de comunidad de esfuerzos, elementos cada uno que serían mensaje [al margen: simultáneamente] y utilidad para todo el que oserrara en ella.&lt;br&gt;Si existió una acción colectiva [tachado] en los obispos, existió la posibilidad de una acción conjunta internacional, planteada en lo religioso. acción internacional quiere decir, en ste caso, donación.&lt;br&gt;Nos parecía que una donación, s más viva para quien la hace, más viva para quien la recibe, cuando ella se efectúe no por medio del dinero, sino por medio [tachado] de elementos. Planchas, vidrios, elementos prefabricados. La donación de elementos arquitectónicos, a diferencia del dinero, tienen la bella propiedad de la conciencia: la conciencia del que da directo, sin intermediarios, su previa [tachado] anticipada del que recibe algo, que individualiza y hace de lo colectivo más múltiple, más intenso, más interesado.&lt;br&gt;Esto mismo, yo s que s mensaje para el que recibe, noticia y extraña presencia de otro, en un acto. [tachado]&lt;br&gt;Pensaba, entonces, que una arquitectura que sin dificultad emplea los productos del alto standard internacional, con los modestos aportes de la artesanía de la zona, puede, debe ser una arquitectura viva y fuerte, si el que la hace, quiere modelarse libremente según la realidad.&lt;br&gt;Si s que ya s la realidad.&lt;br&gt;Si s sta la realidad u otra, s el filo en que se desenvuelve la tarea de los arquitectos. Ellos, [tachado] [al margen: a la vez] intérprete [tachado] de los propósitos de sus clientes, ponen una experiencia y una teoría [tachado] a lo cual los conduce su propio hacer, experiencia y teoría que permanece, generalmente inaccesible, para aquellos que encarga la obra, partícipes siempre de otra especialidad. Y aquí, en el templo, producto de [tachado] una función netamente espiritual, cuánta lucidez se necesita [tachado] [tachado] para administrar lo propio, aquel a quien sus [al margen: propios] propios pensamientos lo han conducido a propósitos definidos.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;JVA-017&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Clasificación&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;1.1 Autoría personal — Obras&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Obra&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Corral&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Soporte&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Manuscrito&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Estado&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Fragmento&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Corral, reconstrucción, iglesias del sur, obispado, terremoto 1960, Escuela de Arquitectura, renovación litúrgica, Valdivia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Notas&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Borrador manuscrito con numerosas correcciones y tachaduras de una carta general dirigida al Obispo, en la que se relata la intervención de la Escuela de Arquitectura de la PUCV en la reconstrucción de iglesias del sur tras el terremoto de 1960, incluyendo la obra de Corral. Menciona obispados de Osorno y Valdivia. Documento de reflexión sobre arquitectura, donación de elementos y acción pastoral colectiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Destino&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;AHJVA-PUCV&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_01.jpg" class="glightbox" data-gallery="jva020"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_01.jpg" style="max-width:430px;display:block;line-height:0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_02.jpg" class="glightbox" data-gallery="jva020"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_02.jpg" style="max-width:430px;display:block;line-height:0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_03.jpg" class="glightbox" data-gallery="jva020"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_03.jpg" style="max-width:430px;display:block;line-height:0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_04.jpg" class="glightbox" data-gallery="jva020"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/archivo/020/020_04.jpg" style="max-width:430px;display:block;line-height:0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;h3&gt;TRANSCRIPCIÓN&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;--- Página 1 ---&lt;br&gt;[al margen superior derecho: anotaciones manuscritas ilegibles]&lt;br&gt;[al margen izquierdo: anotaciones manuscritas]&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Señor&lt;br&gt;Ramón Rivera E.&lt;br&gt;Gerente de &amp;quot; Colcura S.A.&amp;quot;&lt;br&gt;Presente.-&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estimado Ramón:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De acuerdo con nuestra última conversación, tengo el agrado de dirigirme a Ud. para solicitar, por su intermedio, la colaboración de esa Industria Maderera para la construcción de las oficinas parroquiales de la Parroquia de Santa Clara, de la Comuna de San Miguel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como ya le expusiera esta Parroquia está en formación y pertenece a un barrio obrero, de ahí que para su construcción deba recurrir a instituciones fuera de las posibilidades de sus propios feligreses.&lt;br&gt;En la actualidad necesita de un local para sus oficinas parroquiales. Esta construcción ha sido proyectada por este Instituto de Arquitectura y en ella se ha considerado la posibilidad de su desarmabilidad para que no sea una traba en futuras nuevas edificaciones y al mismo tiempo reuna las condiciones mínimas de calidad que un local destinado a albergar éste tipo de actividades requiere.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para poder realizar ésta construcción es que hemos recurrido a Uds. La madera de pino de Colcura no permitirá que ella reuna las condiciones que hemos expuesto y así mismo nos permitimos confiar en la colaboración de Uds. dado la comprensión que siempre han tenido para estas iniciativas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agradeciendo de antemano todo lo que Ud. pueda hacer por ésta petición se despide atentamente de Ud.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arturo Baeza Donoso.&lt;br&gt;Arquitecto&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;P.D. Adjunto la especificación de las maderas solicitadas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Página 2 ---&lt;br&gt;ESPECIFICACION DE LAS MADERAS PARA &amp;quot;OFICINA PARROQUIA SANTA CLARA&amp;quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todas las maderas son de 12&amp;#x27;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1/2  x  4&amp;quot;      242 piezas  machihembradas cepilladas.&lt;br&gt;1    x  4&amp;quot;      134   &amp;quot;            &amp;quot;              &amp;quot;&lt;br&gt;1    x  1&amp;quot;        6   &amp;quot;     .-&lt;br&gt;1/2  x  3&amp;quot;        8   &amp;quot;     .-&lt;br&gt;1 1/2x  3&amp;quot;       50   &amp;quot;     .-&lt;br&gt;3    x  3&amp;quot;       16   &amp;quot;     .-&lt;br&gt;1 1/2x  5&amp;quot;       17   &amp;quot;     .-&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Página 3 ---&lt;br&gt;OFICINA PARROQUIA &amp;quot;SANTA CLARA&amp;quot; SANTIAGO.&lt;br&gt;______________&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Encielado               108 pino  1/2 x 4 1/2 machihembrado&lt;br&gt;Enmaderación paneles&lt;br&gt;pie derechos solera sup    16 pino 3 x 3&lt;br&gt;32   &amp;quot;  1 1/2 x 3 [marca de visto]&lt;br&gt;solera inferior           11   &amp;quot;  1 1/2 x 5&lt;br&gt;Recubrimiento exterior      134   &amp;quot;  1 x 4&lt;br&gt;Recubrimiento interior      134   &amp;quot;  1/2 x 4&lt;br&gt;junquillo                     6   &amp;quot;  1 x 3/4&lt;br&gt;Esquinas&lt;br&gt;tapas                      8   &amp;quot;  1/2 x 3 [marca de visto]&lt;br&gt;Enmaderación pisos&lt;br&gt;Solera inferior            6 pino 1 1/2 x 5&lt;br&gt;&amp;quot;  durmiente              18   &amp;quot;  1 1/2 x 3 [marca de visto]&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todas las medidas son x 360&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;[manchas de tinta en parte inferior]&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Página 4 ---&lt;br&gt;[Croquis a lápiz de elevaciones/perspectivas de la edificación]&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pepe:&lt;br&gt;Vino a hablar contigo pero tuve una hora libre en taller y te dejo algunas ideas respecto a Sta Clara.&lt;br&gt;Me parece que todo debe estar siempre en relación con la iglesia que no se ve, no la iglesia [ilegible] [ilegible] entonces, por ejemplo, la altura los 4 metros, es también &amp;quot;relación&amp;quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo me atrevería a pensar también en una primera etapa, algo que también [ilegible].&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;[al margen izquierdo: futura cubierta de [ilegible]]&lt;br&gt;[cifras manuscritas en margen inferior derecho]&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;JVA-020&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Clasificación&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;1.1 Autoría personal — Obras&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Obra&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Otras obras&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Soporte&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Mixto&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Estado&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Completo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Parroquia Santa Clara, San Miguel, oficinas parroquiales, madera de pino, Colcura S.A., Instituto de Arquitectura, Arturo Baeza, construcción desarmable&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Notas&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Carta firmada por el arquitecto Arturo Baeza Donoso al gerente de Colcura S.A. solicitando madera de pino para construir las oficinas parroquiales de Santa Clara (San Miguel, Santiago), proyectadas por el Instituto de Arquitectura. Incluye especificaciones de maderas y un borrador manuscrito a lápiz dirigido a &amp;#x27;Pepe&amp;#x27; (José Vial) con croquis de la edificación. La página 4 manuscrita conecta el documento con José Vial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Destino&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;AHJVA-PUCV&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p style="margin-bottom:0"&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/biografia/poema/caleta-abarca.png" target="_blank"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/biografia/poema/caleta-abarca.png" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style="margin-top:3px;color:#777;font-size:13px;"&gt;Lectura de poema por alumnos de 1er año en Caleta Abarca, luego del homenaje en Corral.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;apenas pliega&lt;br&gt;si la calma&lt;br&gt;desmiente suave el paraje&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;el aire guarda&lt;br&gt;mi voluntad&lt;br&gt;coida de las manos&lt;br&gt;a la pausa&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;breve impavidad&lt;br&gt;del pájaro y la niebla&lt;br&gt;y soslayo de la luz&lt;br&gt;por un silencio&lt;br&gt;mayor que el abandono&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;este siglo&lt;br&gt;abrevia la estatua&lt;br&gt;tactos del viento en pos&lt;br&gt;inesperada&lt;/p&gt;

&lt;p style="text-align:center;color:#aaa;letter-spacing:0.3em;"&gt;— pausa —&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;restituye a la pasión&lt;br&gt;el cinto leve&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;los alabeados pórticos&lt;br&gt;del griego&lt;br&gt;vaga presión del canto&lt;/p&gt;

&lt;p style="text-align:center;color:#aaa;letter-spacing:0.3em;"&gt;— pausa —&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;el fervor&lt;br&gt;embellece la mentira&lt;br&gt;las posiciones del viento&lt;br&gt;la cálida intimidad del acecho&lt;br&gt;pero solo&lt;br&gt;y, entes que el mar polícleto&lt;/p&gt;

&lt;p style="text-align:center;color:#aaa;letter-spacing:0.3em;"&gt;— pausa —&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;en el eco se aleja un pensamiento&lt;br&gt;tu luz inadecuada&lt;br&gt;resume aquel gozo&lt;br&gt;el retorno de piedras&lt;br&gt;a la renuncia del agua&lt;br&gt;se desprendía aún del olvido&lt;br&gt;de aquel rumor deportivo del trato&lt;/p&gt;

&lt;p style="text-align:center;color:#aaa;letter-spacing:0.3em;"&gt;— pausa —&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;aún los grises anidan&lt;br&gt;vuestra partida fugaz&lt;br&gt;al graznido&lt;br&gt;tu prisa involuntaria&lt;br&gt;entre mis velos&lt;br&gt;deshacía entre descansos&lt;br&gt;la herencia del talento&lt;/p&gt;

&lt;p style="text-align:center;color:#aaa;letter-spacing:0.3em;"&gt;— pausa —&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;la luz nunca devuelve&lt;br&gt;jarros ocupan el pasado&lt;br&gt;un bajo daño&lt;br&gt;autoriza palabras&lt;br&gt;de familia&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;y una ventana&lt;br&gt;a los tanteos del vuelto&lt;br&gt;tácita distancia&lt;br&gt;entre los labios&lt;br&gt;pero ellas presentían&lt;br&gt;que fueron distintas&lt;br&gt;a las humanas&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/biografia/poema/poema.jpg" target="_blank"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/biografia/poema/poema.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Godofredo Iommi&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;Ciertos números&lt;br&gt;a José Vial Armstrong&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Recepción de primer año a la Escuela luego del homenaje en Corral&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Caleta Abarca&lt;br&gt;13 de abril de 1983&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling/PortadasCarta.jpg" style="width:590px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;em&gt;Rudyard Kipling&lt;/em&gt;&lt;br&gt;
Ilustraciones: José Vial Armstrong&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0001_1.Pintando-en-la-caverna.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Érase en los tiempos más remotos, un hombre neolítico. No era ni indio, ni anglo, ni siquiera &lt;a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Pueblos_drav%C3%ADdicos"&gt;drávida&lt;/a&gt;, lo que hubiera podido muy bien ser, hijo mío, aunque no debes preocuparte mucho por las razones. Era un primitivo y vivía cavernícolamente en una caverna y llevaba muy escasa ropa. No sabía leer ni escribir, ni lo deseaba, y, a excepción de las horas en que le acuciaba el hambre, era muy feliz. Se llamaba Tegumai Bopsulai, lo que significa: "El-hombre-que-no-adelanta-apresuradamente-el-pié"; pero para abreviar, hijo mío, lo llamaremos solamente Tegumai.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El nombre de la esposa era Teshumai Tewindrow, o sea: "La-dama-que-hace-mil-preguntas", pero, en gracia a la brevedad, hijo mío, la llamaremos solo Teshumai.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La hijita llamábase Taffimai Metallumai, lo que significa: "La-criatura-sin-modales-que-merece-muchas-zurras", pero al referirnos a ella diremos simplemente Taffi. Tegumai quería mucho a su hijita, y la mamá no sentía por ella menos afecto. No le daban ni la mitad de las zurras que merecía, y los tres eran felices de verdad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0002_2.De-pie-con-arpon.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando Taffi tuvo las piernecitas suficientemente fuertes para alejarse de su morada, iba por todas partes con su papá Tegumai. A veces solo regresaba a la caverna cuando se sentían muy hambrientos, y entonces Teshumai solía decir: "¿Dónde diablos os habéis metido los dos, que venís tan escandalosamente sucios? Te aseguro, Tegumai mío, que eres tan niño como mi Taffi".&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y ahora escucha bien lo que voy a contarte:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cierto día, Tegumai, al cruzar la gran marisma de los castores, bajó hasta el río Wagai, para pescar con su lanza las carpas que necesitaba para la cena, y Taffi iba con su padre. La lanza que usaba Tegumai era de madera y tenía en la punta unos afilados dientes de tiburón; antes que hubiese logrado pescar alguna, tuvo la mala suerte de romperla, al arrojarla con demasiada fuerza a lo más profundo del río. Se encontraba a muchas millas de su hogar –aunque, por supuesto, llevaba algo de comer en un zurrón–, y Tegumai se había olvidado de llevar consigo otras lanzas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Bonita pesca! –exclamó Tegumai–. Para arreglar esto tendré que emplear la mitad del día.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0003_3.Reparando-la-lanza.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Tienes en casa la lanza grande y negra –dijo Taffi–. Deja que vuelva a la caverna y se la pido a mamá.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Estás demasiado lejos para tus piernecitas tan gordas –replicó Tegumai–. Además, podrías caerte y ahogarte en la ciénaga de los castores. Procuremos vencer como podamos este contratiempo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sentóse, pues, en el suelo y abrió un zurrón que llevaba con lo necesario para efectuar remiendos. Contenía tendones de reno, tiras de piel y trozos de cera de abeja y resina. Con ello empezó a arreglar la lanza. También se sentó Taffi, y con los deditos de pie en el agua y el mentón en la mano, estaba muy pensativa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Oye, papá –dijo al cabo de un buen rato–, ¿no juzgas tremendamente engorroso que tú ni yo sepamos escribir? Si supiéramos, podríamos enviar un mensaje para pedir la lanza negra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Taffi –contestó Tegumai–, ¿cuántas veces te he dicho que no uses esa jerga tan rara? Eso de "tremendamente engorroso" dista mucho de ser una frase bonita... Pero, ya que lo mencionas, sí, sería conveniente de veras poder mandar a casa algún mensaje escrito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0004_4.tigre-de-espaldas.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En aquel preciso instante llegó junto a ellos un forastero que bajaba por la orilla, siguiendo el curso del río, pero pertenecía a una tribu lejana, la de los Tawaras, y no entendía una palabra del lenguaje de Tegumai. Paróse en la orilla y sonrió a Taffi, pues también él tenía en su hogar una niñita. Tegumai sacó del zurrón de remiendos una madeja de tendones de reno y siguió componiendo la lanza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Ven –dijo Taffi–. ¿Sabes dónde vive mamá?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero el forastero se limitó a contestar: "¡Hum!", pues era, como sabes ya, un Tawara.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Tonto! –exclamó Taffi, y empezó a patalear, pues en aquel momento vio una banda de enormes carpas que subían por el río, precisamente cuando papá no podía servirse de la lanza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–No molestes a la gente mayor –dijo Tegumai, tan absorto en su remiendo que ni siquiera volvió la cabeza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0005_5.Tigre-hincado.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–No molesto a nadie –repuso Taffi–. Sólo deseo que haga lo que quiero, pero no me entiende.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Pues no me molestes a mí –dijo Tegumai.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y siguió estirando y retorciendo los tendones de reno, cuyas puntas cogía con los dientes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero, a fuerza de buen Tawara, sentóse sobre la hierba, y Taffi le indicó lo que estaba haciendo su padre. El forastero pensó: "He aquí una chiquilla asombrosa. Me dedica un pataleo y me hace muecas. Será, sin duda, hija de aquel noble jefe, hombre de tal alcurnia que ni siquiera se ha fijado en mí". Sonrió, pues, con mayor cortesía que nunca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Oye –dijo Taffi–, quiero que vayas donde está mi madre, pues tienes las piernas más largas que yo y no te caerás en la ciénaga de los castores, y quiero que pidas la otra lanza de papá, la del puño negro, que está colgada en nuestro lar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero, como Tawara que era, pensó: "Es una chiquilla asombrosa, asombrosísima. Agita los brazos y me dice algo a gritos, pero no entiendo una palabra. Mas si no hago lo que quiere, mucho me temo que este altivo jefe, el 'Hombre-que-vuelve-la-espalda-a-los-visitantes', se enoje de verdad".&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0006_6.Sacando-corteza.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se puso de pie, y tras de arrancar a un abedul un trozo de corteza llana, la enrolló y la dio a Taffi. Lo hizo, hijo mío, para dar a entender que tenía el corazón tan blanco como la corteza de abedul y que no abrigaba ninguna intención aviesa. Pero Taffi no lo comprendió del todo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Ah! –exclamó–. ¡Ya comprendo, ya comprendo! ¿Quieres las señas de mamá, no es eso? No sé escribir, por supuesto, pero sé dibujar si tengo algo puntiagudo. Haz el favor de prestarme el diente de tiburón que llevas en el collar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero –recuerda que era un Tawara– nada contestó. Taffi alargó, pues, su manecita y tiró del hermoso collar que el desconocido llevaba en la garganta, formando un fino abalorio, una simiente y un diente de tiburón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero, como Tawara que era, pensó: "Es una niñita asombrosa, asombrosísima, de lo más asombroso que pueda darse. El diente de tiburón que llevo en mi collar es un diente mágico, y siempre me aseguraron que quien lo tocase sin mi venia se inflaría y subiría por el aire, o estallaría. Pero esta niña ni se hincha ni estalla, y ese jefe tan principal, el 'Hombre-que-atiende-estrictamente-a-su-tarea', que ni siquiera ha advertido mi presencia, no parece temer que la niña suba por el aire ni estalle. He de mostrarme algo más cortés".&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0007_7.dibujando.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dio pues a Taffi el diente de tiburón, y ella se echó de bruces, apoyándose en la barriguita y con las piernas levantadas, como ciertas personas cuando quieren dibujar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Verás qué dibujos tan lindos hago! –dijo–. Puedes mirar por encima de mi hombro, pero no me empujes. Primero dibujaré a papá pescando. No se le parece mucho, pero mamá sabrá de qué se trata, pues he dibujado la lanza rota. Bueno; ahora dibujaré la otra lanza que le hace falta, la del puño negro. Parece clavada en la espalda de papá, pero es que se me ha resbalado el diente de tiburón y, además, la corteza no es bastante grande. Esta es la lanza que me has de traer; haré, pues, un dibujo de mí misma explicándole esto. No tengo los cabellos de punta, como los he dibujado, pero así cuesta menos. Ahora te dibujaré a ti. Me resultas muy simpático; te lo digo de veras; pero en el dibujo no sabría hacerte guapo. Con que no te enfades. Dime: ¿te incomodas?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero –recuerda que era un Tawara– sonrió. Pensó: "Debe de prepararse en algún sitio una tremenda batalla, y esta niña extraordinaria, que coge mi diente de tiburón mágico, pero ni se infla ni estalla, me dice que convoque a toda la tribu del gran jefe para que presten ayuda. Debe ser un gran jefe, pues, de lo contrario, se hubiera fijado en mí".&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Mira –dijo Taffi, dibujando con brío, pero sin excesivo esmero–, ahora te he pintado a ti y te he puesto en la mano la lanza que papá necesita, sólo para recordarte que has de traerla. Ahora te indicaré cómo has de encontrar el sitio donde vive mamá. Vas andando hasta que veas dos árboles (que son los que he pintado aquí), y luego subirás a un monte (éste es el monte que te digo), y llegarás a una marisma, muy llena de castores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0008_8.Clarisa2.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No he puesto en el dibujo a los castores porque no sé dibujarlos, pero he pintado las cabezas, que es lo único que ellos verás al cruzar la marisma. Sobre todo, ¡procura no caerte! Y nuestra caverna está precisamente al otro lado de la ciénaga de los castores. Por supuesto, la caverna no es tan alta como los montes, pero ocurre que no sé pintar cosas chiquitas. Fuera está mamá. Es muy guapa. Es la más guapa que haya habido nunca; pero no se enfadará cuando vea que la he pintado tan corriente. Va a ponerse muy contenta porque sé dibujar. Ahora, por si se te olvida, he dibujado fuera de nuestra caverna la lanza que papá necesita. Claro que está dentro, pero al enseñar el dibujo a mamá te la dará enseguida. La he pintado a ella con las manos en alto, porque sé lo muy contenta que va a ponerse cuando te vea. ¿Verdad que el dibujo es bonito? ¿Lo has comprendido bien o quieres que vuelva a explicártelo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero –recuerda que era un Tawara– miró el dibujo y asintió repetidamente con la cabeza. Se dijo: "Si no traigo aquí la tribu de ese gran jefe para que le preste ayuda, van a darle muerte sus enemigos, que están llegando por todas partes con sus lanzas. ¡Ahora comprendo por qué el gran jefe ha simulado no fijarse en mí! Temía que sus enemigos anduvieran ocultos en los matorrales y le viesen darme un mensaje. Por eso volvió la espalda y dejó que la chiquilla sabia y asombrosa hiciera este terrible dibujo para mostrarme el apuro en que se encuentra. Iré a buscarle la ayuda de su tribu". No se detuvo siquiera para preguntar a Taffi el camino, sino que echó a correr por entre la maleza, llevando en la mano la corteza de abedul, y Taffi se sentó muy complacida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y aquí está el dibujo que hizo Taffi.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¿Qué hacías, Taffi? –preguntó Tegumai. Ya había compuesto la lanza y la balanceaba cuidadosamente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0009_9.Tigre-corriendo.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Es una idea que se me ha ocurrido, papá guapo –contestó Taffi–. Si no te empeñas en hacerme preguntas, lo sabrás dentro de un rato y te llevarás una gran sorpresa. ¡No te imaginas qué sorpresa, papá! Te prometo que te asombrarás de veras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Bien, bien –dijo Tegumai, y empezó la pesca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El forastero –¿te has olvidado ya que era un Tawara?– corrió varias millas con el dibujo hasta que, por pura casualidad, encontró a Teshumai a la entrada de su caverna, conversando con otras damas neolíticas que habían llegado para compartir una refacción primitiva. Teshumai tenía gran parecido con Taffi –sobre todo en la frente y los ojos–, y el forastero –como buen Tawara de pura raza– sonrió con gran cortesía y le entregó la corteza de abedul. Tan veloz había sido su carrera, que jadeaba visiblemente, y las zarzas le habían arañado las piernas; y, a pesar de todo, trató de mostrarse cortés.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Apenas Teshumai vio el dibujo, dio un gran chillido y huyó del forastero. Las otras damas neolíticas le derribaron enseguida a porrazos y se sentaron sobre él, formando una larga hilera de seis personas, mientras Teshumai le tiraba el pelo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0010_10.Tirando-el-pelo.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–La cosa es tan clara y visible como la nariz de este forastero –dijo–. Ha acribillado a mi Tegumai con muchas lanzas y ha espantado a Taffi de tal modo que tiene todo el cabello erizado, y no contento con esto, me trae este horrible dibujo para que vea cómo realizó su hazaña. ¡Mirad! –y mostró el dibujo a todas las damas neolíticas que estaban sentadas pacientemente sobre el forastero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Aquí está mi Tegumai con el brazo roto –prosiguió Teshumai–; aquí, la lanza clavada en su hombro; aquí el hombre a punto de arrojarle una lanza; aquí otro hombre que saca una lanza de una caverna, y una multitud –en realidad eran castores, pero más parecían gente– que viene detrás de Tegumai. ¿Verdad que es raro?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Rarísimo! –exclamaron las damas neolíticas, y cubrieron de barro el pelo del forastero, lo que le causó no poca sorpresa; luego empezaron a batir los relucientes tambores tribales y convocaron a todos los jefes de la tribu de Tegumai, con sus Atamanes y Dolmanes, y a todos los Negus y Caciques de la comarca, además de los brujos, hechiceros y bonzos, quienes decidieron que, antes de decapitar al forastero, éste había de guiarlos camino abajo hasta el río, y mostrarles dónde había escondido a la pobre Taffi.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0011_11.barro.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces el forastero –a pesar de ser un buen Tawara– se sintió bastante molesto. Le habían cubierto de barro el cabello; le habían hecho rodar sobre puntiagudos guijarros; se le habían sentado encima, formando una larga hilera de seis personas; le habían aporreado y vapuleado hasta que casi perdió el aliento, y, aunque no comprendía su lenguaje, estaba casi seguro de que las palabrejas que le dedicaban las damas neolíticas nada tenían de corteses. Sin embargo guardó silencio hasta que estuvo reunida toda la tribu de Tegumai, y entonces los guió hasta la orilla del río Wagai donde divisaron a Taffi haciendo guirnaldas de margaritas y a Tegumai atravesando cuidadosamente las carpas chiquitas con la lanza arreglada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0012_12.Velasquez.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Bravo! Has ido muy de prisa –celebró Taffi–. Pero ¿por qué traes a tanta gente? Papá guapo, ésta es la sorpresa que te dije. ¿No estás asombrado, papá?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Mucho –respondió Tegumai–; pero esto me estropea la pesca del día. ¡Caramba! Toda la tribu, simpática, amable, cariñosa, aseada y pacífica, está ahí, Taffi.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y así era, en efecto. Venían en vanguardia Teshumai y las damas neolíticas, llevando muy agarrado al forastero, quien traía el cabello lleno de barro, a pesar de ser un Tawara. Tras de ellos iban el gran jefe, el vicejefe y los jefes delegados y auxiliares (todos ellos armados hasta los dientes), los Atamanes y Centuriones, los Pelotoneros, con sus pelotones respectivos y los Dolmanes, con sus destacamentos; seguían los hechiceros, negus y brujos (igualmente armados hasta los dientes).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0013_13.Pescando.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En pos de ellos iba la tribu entera, según su orden jerárquico, desde los que poseían cuatro cavernas (una para cada estación del año), una acotada con renos y dos cascadas de las que usan los salmones para saltar, hasta los feudales y prognatos villanos, que apenas tenían derecho a usar la mitad de una piel de oso en las noches invernales, y eso a siete varas de lumbre, y los siervos del terruño, que debían pagar como tributo a sus señores un espinazo a medio roer (¿verdad que son bonitas estas palabras, hijo mío?). Allí estaban todos, haciendo cabriolas y lanzando estentóreos gritos, y asustaban a todos los peces en veinte millas a la redonda; pero Tegumai les dio las gracias con una perorata neolítica, pues tenía la palabra muy fácil. Luego Teshumai bajó corriendo y besó y abrazó muchas veces a Taffi; pero el gran jefe de la tribu de Tegumai cogió a éste por las plumas que llevaba en el moño y le sacudió con fuerza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Explícate! ¡Explícate! ¡Explícate! –gritó toda la tribu de Tegumai.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Válgame mi estrella! –exclamó Tegumai–. ¡Suéltame el moño! ¿No puede romper uno la lanza de las carpas sin que todo el mundo se le eche encima? Sois gente entrometida, os lo aseguro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0014_14.Tirando-el-pelo-2.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Y, en fin de cuentas, no creo que traigáis la lanza de papá, la del puño negro –observó Taffi–. ¿Y qué estáis haciendo al bueno de mi forastero?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le iban aporreando en grupos de dos, a tres y diez personas, hasta que los ojos le daban vueltas como un trompo. Pero el pobre no podía hacer otra cosa sino abrir mucho la boca y señalar con el dedo a Taffi.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¿Dónde está esa gente mala que te acribilló, maldito? –preguntó Teshumai.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–No sé de qué gente me hablas –contestó Tegumai–. Esta mañana no he recibido más visitas que la de este desgraciado al que tratáis de estrangular. ¿Estáis o no en tus cabales, oh tribu de Tegumai?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Nos trajo un dibujo que daba miedo –explicó el gran jefe–, un dibujo en el que estabas tú con muchas lanzas en el cuerpo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0015_15.Discutiendo-con-pez.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Ejem... ejem... Será mejor que lo explique. Fui yo quien le dio ese dibujo –dijo Taffi; pero se sentía bastante inquieta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Tú! –gritó al unísono toda la tribu de Tegumai–. Criatura-sin-modales-que-merece-buenas-zurras... ¿Con que fuiste tú?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Taffi, hijita, creo que vamos a pasar un mal rato –dijo su papá, y la ciñó con el brazo, de modo que ella no tuvo ya ningún miedo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Explícate! ¡Explícate! ¡Explícate! –dijo el gran jefe de la tribu de Tegumai, saltando en una pierna.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Quería que el forastero nos trajese la lanza de papá. Por eso hice el dibujo –explicó Taffi–. No hay en él muchas lanzas. Hay sólo una. La dibujé tres veces para asegurar su identificación. No pude evitar que pareciera estar clavada en la cabeza de papá, pues en la corteza de abedul no me quedaba sitio; todas estas cosas a las que mamá llama gente mala son castores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0016_16.Discutiendo-con-nina-en-brazos.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los dibujé para que diera con el camino a través de la marisma, y dibujé a mamá a la entrada de la caverna, muy alegre porque viene el forastero amable..., y creo que sois la gente más boba del mundo –explicó Taffi–. Es un buen hombre. ¿Por qué le habéis llenado de barro el cabello? ¡A lavarle la cara enseguida!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todos callaron un buen rato, hasta que el gran jefe se echó a reír; luego el forastero (que era, eso sí, un Tawara) soltó también la risa, y Tegumai se rió con tales carcajadas, que al fin se quedó tendido en la orilla; también los coreó la tribu entera, con risotadas cada vez más estentóreas. Las únicas que no lo hicieron fueron Teshumai y las otras damas neolíticas. Se mostraron muy corteses con sus maridos y los llamaron "idiotas" más de una vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego, el gran jefe de la tribu de Tegumai cantó a grandes voces:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0017_17.arbol.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Oh criatura-sin-modales-que-merece-buenas-zurras, has hecho un gran invento!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Pues no me lo proponía –repuso Taffi–; sólo quería la lanza de papá, la del puño negro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–No importa. Es un gran invento, y algún día los hombres lo llamarán escritura. De momento no son más que dibujos, y, según hoy hemos podido comprobar, los dibujos no se interpretan siempre con acierto. Pero llegará un tiempo, ¡oh chiquilla de Tegumai!, en que haremos letras, tantas como sea menester, y podremos leer lo mismo que escribir, y entonces diremos siempre exactamente lo que queramos, sin dar lugar a dudas. Y ahora, que las damas neolíticas laven el pelo del forastero y le quiten el barro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–¡Casi merecía lo del barro –dijo Taffi–, pues, al fin y al cabo, aunque has traído todas las lanzas de la tribu de Tegumai, has olvidado la lanza de papá, la que tiene el puño negro!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego el gran jefe cantó a grandes voces:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;–Taffi, hijita, cuando vuelvas a escribir una de esas cartas de dibujos, será preferible que la mandes con un hombre que sepa hablar nuestra lengua, para explicar lo que significa. Lo ocurrido no me importa, porque soy el gran jefe, pero resulta muy molesto para el resto de la tribu de Tegumai, y, según puedes ver, ha causado gran sorpresa al forastero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después adoptaron al forastero (que era un auténtico Tawara de Tawar), y éste quedó incorporado a la tribu de Tegumai, pues era todo un caballero y no dio mucha importancia a lo del barro con que las damas neolíticas le embadurnaron el cabello. Pero desde aquel día –y me figuro que Taffi tuvo la culpa– ha habido muy pocas niñas a quienes les gusta aprender a leer o escribir. La mayoría prefieren hacer dibujos y andar jugueteando con su papá..., lo mismo que Taffi.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/dibujos/kipling-dibujos/0018-18.Colmillo.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;span style="display:block;font-size:12px;color:#999999;margin-top:4px;"&gt;Ilustración del autor. Kipling, R. &lt;em&gt;Just So Stories for Little Children&lt;/em&gt;. Ilustrado por el autor. Londres: Macmillan, 1926. Imagen obtenida de &lt;a href="https://www.victorianweb.org/espanol/arte/ilustracion/kipling/18.html"&gt;The Victorian Web&lt;/a&gt;. Escaneada por George P. Landow. Autorización conforme a las condiciones del sitio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;He aquí la historia de Taffimai Metallumai, grabada en un viejo colmillo, hace ya mucho tiempo, por los pueblos antiguos. Si lees la historia, o pides que te la lean, verás que está contada por entero en el colmillo. El colmillo formaba parte de una antigua trompeta tribal que perteneció a la tribu de Tegumai. Los dibujos fueron trazados en él con un clavo o algo así, y luego los trozos se rellenaron con cera negra, pero todas las líneas divisorias y los cinco círculos chiquititos de la parte inferior se rellenaron con cera roja. Cuando era nuevo, tenía en uno de sus extremos como una tracería de abalorios, conchas y piedras preciosas, pero se rompió y se ha perdido. Sólo queda de ella el pedazo que puedes ver. Las letras que están a ambos lados del colmillo son mágicas –de magia rúnica–, y si sabes leerlas encontrarás algo bastante nuevo. El colmillo es de marfil, muy amarillento y pulido. Tiene sesenta centímetros de longitud y otros tantos de circunferencia, y pesa cinco kilos doscientos cincuenta y cinco gramos.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;Surge de aquí el hecho de que el unísono de los gestos y la voz, pero también de un modo fundamental, el unísono de la presencia, coloca a los fieles en el meollo de la concepción litúrgica. Hay circunstancias en que la potencia de este unísono casi destruye la relación con el sacerdote, y la mera concurrencia más que la participación activa, es lo que configura el acto religioso, tal como sucede en las peregrinaciones a un lugar de devoción con la concentración de grandes masas. Hay pues en la nave, por su solo unísono, ya una potencia de acto de orar que puede arquitectónicamente manifestarse y exaltarse por la forma misma de la nave.&lt;/p&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/unisono.jpg" class="glightbox" style="display:block;line-height:0;"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/unisono.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En el caso de Corral, al restar y borrar tanto las columnillas del antiguo templo como el muro de la sala de clase en primer piso, se abrió y apareció un ancho -una situación espacial de ancho- capaz de constituir con gran vigor ese unísono si podíamos establecer a la vez una adecuada proximidad con el altar. Tal ancho se constituyó pues en uno de los objetivos fundamentales del espacio interior y sin dudarlo más, y aunque construir unas vigas de 20 metros era una verdadera empresa en Corral y un lujo aparentemente contradictorio con la modestia del edificio, decidimos crear ese vacío en ancho y sin elementos intermedios de pilares que lo habrían destruido. Así, la estructura quedó configurada en su partido general. No obstante lo anterior, sería errado pensar que el solo ancho es capaz de crear ese unísono de la oración que hemos mencionado. El ancho solo existe arquitectónicamente por su altura. Más bien dicho, una arquitectura de esa altura. Hay un momento en que se tiende a pensar que la arquitectura tiene ancho, alto y largo. Pero la experiencia de Corral nos inclina a pensar en un matiz. El alto, el largo y el ancho son medidas que, de alguna manera, están disponibles y tienden a desvincularse entre ellas. Habría, según esto, una arquitectura de altura, y si es del caso, una del ancho y una del largo. Muchas antiguas iglesias en el sur fueron demolidas inútilmente, y sustituidas por el galpón. Pero no es arquitectura: es apenas un elemento constructivo un poco más complejo que un ladrillo. Y si no es arrancado de esa condición -labor dificilísima- es incapaz de crear la forma al unísono litúrgico. El galpón no sólo desmesura su altura, sino que carece de arquitectura de altura. No en vano el gótico y el románico desplegaron sus inmensos tallados de altura, que no solo el ojo puede recorrer libremente, sino que proyectados sobre el suelo plano de los desplazamientos, nos hace pertenecer al espacio tridimensional en lo particular de su manifestación, modulando los gestos, los momentos y la complejidad del estar -que no es un unívoco- en el orar de la nave. En Corral, al descubrir el ancho se produjo una altura cuyo origen, digamos, correspondía a una pieza doméstica. Pero esa misma altura inscrita en un vacío continuo de gran extensión recupera un grado de abstracción que se aparta de esas figuraciones propias de los maestros artesanales. Surge así un espacio chato, bajo y profundo, recuperado en otra altura por la bóveda. Este juego de alturas hace concordancia con el ancho, y por eso para nosotros fue importante conservar la bóveda existente. Cuando un señor muy bien vestido tropieza, y queda como un montón en el suelo, pierde la postura de su compostura natural. Por eso él se levanta rápidamente y se arregla, para recuperar lo antes posible su compostura. La pérdida de la compostura hace el ridículo. El gesto reglado litúrgico, también tiene su compostura y no sólo la pierde si cae; también la pierde si el gesto, revestido, se hace natural: por ejemplo, si ante el terremoto, el sacerdote sale corriendo hacia la sacristía.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/croquis.jpg" class="glightbox" style="display:block;line-height:0;"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/croquis.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La nueva Parroquia de Corral surge de una reconstrucción y no de una construcción nueva. Sin embargo su arquitectura no es adaptación a lo existente; trabaja con lo existente. La forma arquitectónica se funda en el acto de orar, el retiro de la presencia de la forma, y la luz de oración. En el caso de Corral, pues, resultaría equívoco hablar de una reconstrucción sin hacer el distingo anterior. Habitualmente, ante una obra dañada, la alternativa de reparar, reconstruir o hacer obra nueva demoliendo lo existente (tres grados de intervención) surge de consideraciones económicas o de programa. No es este el caso de Corral. La consagración litúrgica de un lugar de oración, (templo), se fija en su arquitectura. Eso definitivamente se aparta, en su modo de permanecer, del mercantilismo del sitio, convertido en producto transable. Esa sacralidad que se instaura por la mano de otro, se refleja en una nobleza que trasciende la modestia o el lujo de la construcción. Por eso, aun la lejanía, el abandono y la devastación en que estaba el pueblito de Corral después del terremoto; y aun la tosca y casi grotesca ingenuidad de la capilla existente, realizada por maestros artesanales, reflejó esa nobleza inabandonable del empeño. Se trata pues; como en la posta, de recoger el testimonio y llevarlo al extremo. Los maestros artesanales conciben un espacio doméstico. A él adhieren figuraciones; en este caso, la figuración de templo. Esas figuraciones se establecen a través de cosas: formas-objeto cuya presencia y relación actúa por acumulación en la convención. Para el arquitecto pues -ante lo existente- se trata de un tránsito, un paso desde lo doméstico a una abstracción. Hay que obrar una metamorfosis.El obrar en aquella metamorfosis es bastante distinto al de la obra nueva. Hay primero una operación de resta (desbastar lo existente) que es delicada porque es irreversible. El espacio de lo existente se comporta entonces como un material, como el bloque del escultor que hubiera utilizado otra estatua para hacer la suya. A ella sigue una operación de suma. Pero en el caso del arquitecto y concretamente en el de Corral, esa resta no es puramente en función del espacio. La transformación del espacio lleva consigo una obligación de asegurar la asismicidad, aportándole así al edificio una virtud que antes no tenía; y obliga también a eliminar -lo requiera o no arquitectónicamente la transformación- todo aquel material en mal estado que podría atentar contra la futura firmeza y control de la intemperie del edificio.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior5.jpg" class="glightbox" style="display:block;line-height:0;"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior5.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El volumen exterior de la iglesia, al rebajarse la cubierta, se liberó de una indiferencia por las medidas que lo hacían aparecer originalmente informe. El cuidado por las alturas en el interior desproporcionó esa indiferencia y, aunque objetivamente las medidas de lo nuevo eran menores que las de lo existente, hizo que lo chico apareciera chico y lo grande, grande, a tal punto que lo grande nuevo (la fachada poniente) es formalmente más grande que lo antiguo. El forro exterior metálico y las duras condiciones climáticas de salinidad y humedad en el litoral, obligaban -a diferencia del interior en que prima la madera natural- a cubrir con pintura la totalidad de la superficie. Se establecía pues aquí una violenta diferencia entre el exterior y el interior. Esta diferencia -forma de presencia- correspondía a la luz exterior imperante en Corral. En invierno, la llovizna constante con nublados brillantes; y en verano, (en que Corral se convierte en balneario) con momentos de sol esplendoroso en que domina la masa del mar. La posición de la Parroquia dentro del pueblo, es espectacular: un morro que sobresale hasta el borde del mar, y divide a Corral en dos partes: el puerto, (un pequeño atracadero de madera en una reducida playa) con casas que descienden por lo abrupto del cerro entre calles con pendiente; y el plan, una extensa superficie plana entre cerros que llega hasta el borde del mar, y cuya población arrasó el maremoto de 1960 cubriéndola con una capa de 6 metros de agua sobre la cual navegó un barco de 10.000 toneladas paseándose por la plaza principal de Corral.&lt;/p&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior4.jpg" class="glightbox" style="display:block;line-height:0;"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior4.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La Iglesia se ve principalmente desde ese plan; no así desde el sector puerto debido a las construcciones que bordean la cumbre plana del morro. De esta situación surgió el requerimiento de un campanario, el cual posteriormente no se realizó. El campanario permitía cubrir con el sonido, desde la altura del morro, la totalidad de la ciudad y aportaría un elemento de presencia hacia el puerto. El edificio de la parroquia se sitúa en un terreno en que el morro comienza a descender hacia el plan. Por esta razón, la fachada poniente en esa dirección tiene una vez y media la altura de la fachada de acceso, lo cual se empleó para construir un pequeño taller bajo el piso de la iglesia aprovechando el desnivel. Esa fachada se impone por su tamaño hacia el plan. En cambio, la fachada oriente de la Iglesia -que corresponde al acceso- da a una pequeña plaza con árboles dispersos. En invierno, en Corral, se caminaba con botas. Aunque el camino que ascendía desde el sector Puerto y descendía luego hacia el plan pasando por el morro y por la plaza de la iglesia era pavimentado, en general Corral no era, en los tiempos del terremoto, propiamente una ciudad urbanizada. El barro y una oscuridad campesina primaban sobre la iluminación precaria y las obras de urbanización. El criterio para la pintura de la iglesia -tal vez un poco simbólicamente- se inscribió en la situación antes descrita. El barro y el suelo, esto es, un espeso color café oscuro muy tendiente al rojo, asciende desde el suelo por los muros; a su vez, un plateado brillante que refleja el cielo desciende desde la cubierta hacia el suelo. Se estudiaron largamente los trazados de estas dos superficies que avanzan en direcciones opuestas. Pero se dejó para determinar en obra un juego de colores que, en ciertos puntos, establecería una conexión en el encuentro. La potencia del color y su trazado vino a establecer, pues, nuevas relaciones en ese volumen que nos habían dejado los maestros.&lt;/p&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior2.jpg" class="glightbox" style="display:block;line-height:0;"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior2.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;a href="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior3.jpg" class="glightbox" style="display:block;line-height:0;"&gt;&lt;img src="https://josevial.cl/fotos/obras/parroquia-corral/exterior3.jpg" style="width:430px;display:block;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El Obispo de Valdivia, Monseñor José Manuel Santos, quiso otorgar a los arquitectos la más completa libertad para desempeñar su trabajo, y colaboró con ellos en una activa participación. El edificio reúne todas las condiciones técnicas propias a su función, y su costo no excedió a la justa medida que podía ofrecer la acción pastoral del obispo a esa comunidad parroquial.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;La liturgia solo programa el espacio. Aunque por origen histórico puede decirse que tal programación de gestos y movimientos llevan implícita una concepción del espacio (por ejemplo la simetría), fuera de esas concepciones muy generales no define propiamente el espacio arquitectónico particular. Por ejemplo, el asiento de un obispo en el románico primero, puede ser una hornacina tan ajustada a la figura que se asemeja a las que hoy vemos en algunos santos. La figura llena su lugar. En cambio un barroco desplegará hacia el vacío una inmensa multiplicidad de formas a partir del centro minúsculo de la figura. La liturgia pues, en cuanto es forma, presupone una interpretación arquitectónica del acto reglado de la oración oficial, esto es, presupone ser llevada a lugar. Sin lugar que manifieste o cante ese acto, la liturgia pierde también su compostura y aquí yace el riesgo arquitectónico del templo. Volvamos nuevamente al galpón y con él, a muchas iglesias que no lo son. Al galpón, que no es arquitectura, se le crea casi ineludiblemente una situación de enfrentamiento con un muro de fondo. Ese muro de fondo debe ser decorado, sea con una sobria desnudez, sea con un cúmulo de efectos luminosos u objetos según la estética del arquitecto; en todo caso, decoración y muro que crea un escenario y hace -detalles más o detalles menos- del oficiante, un actor. Sutilmente así, la realidad del acto litúrgico del presbiterio, queda destruido. En Corral, al restar lo existente con sus figuraciones, lo que fue quedando se aproximó a un barracón. Nosotros queríamos situarnos en un extremo, esto es, con un mínimo de cantidad de obra obtener un máximo de templo y si no hubiésemos tenido una concepción de presbiterio, habríamos arriesgado caer en la mencionada situación de galpón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tres cuestiones se pusieron en juego, en Corral, tras esa concepción de presbiterio: A) el presbiterio se une a la nave. B) el presbiterio se separa de la nave. C) la doble perspectiva. El presbiterio debe unirse a la nave, para que el unísono de la nave reciba su orientación. Para ello se separó en Corral la arquitectura de la altura, de la arquitectura del ancho y la profundidad. La preeminencia de los cielos planos y bajos crea un horizonte sin dirección que reúne como un solo ámbito circular, tanto a la nave como al presbiterio. Para reforzar ese sentido circular, se dibujó una línea blanca que se hace presente sobre las cabezas y marca el entorno de todos los muros constitutivos y para reforzar aun más esta arquitectura autónoma del ancho y la profundidad, se hizo aparecer con el mismo dibujo los machones estructurales de ambos muros extremos y de ambos laterales. Y para reforzar al extremo esta situación de giro horizontal, los entablados de los muros de presbiterio se colocaron en diagonal girando en un solo sentido y se pintó el cielo con líneas de colores diagonales que tienden a atenuar la direccionalidad que llevan consigo las bancas, los pasillos, y la bóveda, y contribuyen por tanto a hacer presente -junto con los elementos ya mencionados- el ancho. Pero un punto particular de la unión del presbiterio y la nave es la liturgia de la palabra, la cual tiende a hacerse centro de la nave, aunque sin abandonar la continuidad de oficiantes que asegura el lugar del presbiterio. Por esta razón en Corral, en la asimetría del presbiterio, el ambón del evangelio ocupa sin embargo, el eje central de la nave en ancho. Es aquí, en la liturgia de la palabra donde aquel unísono de la nave en ancho adquiere su mayor efectividad. El presbiterio es, antes que nada, un espacio extenso (en la parroquia y la catedral) porque su misión es desplegar el esplendor de los movimientos y gestos litúrgicos los cuales, en general, suponen un agrandamiento con respecto a los movimientos y gestos naturales. El hecho de que el ritual litúrgico consulte la vía breve y la vía larga e incluya la reiteración (por ejemplo dar vuelta tres veces al altar) como parte de su modo, nos indica que este agrandamiento pertenece también a su modo. A su vez, los paramentos litúrgicos están concebidos para ser extendidos y vistos como tales extensiones, por ejemplo al abrir y cerrar los brazos en diferentes momentos del acto. La posición fija de los objetos en el altar, que ocupan uno u otro extremo del altar, o su centro, lo cual concuerda con las posiciones propias que ocupaban antaño la epístola y el evangelio, muestran tales ampliaciones que se traducen en movimientos, que sin ser mágicos son a la vez inútiles, separados de lo natural, haciendo evidente su exclusiva filiación de signos. Tal evidencia es materia de arquitectura. En otras iglesias proyectadas por la Escuela, ese despliegue del gesto de oración del presbiterio fue concebido a partir de un suelo en un vacío. En el caso de Corral, tal orientación de la forma no era posible, de modo que el espacio propio del presbiterio -radicalizando su diferencia con la nave- fue concebido como una sucesión de muebles, muros, barandas en apretujada densidad, ocupando una amplia proporción del espacio interior disponible de la iglesia (en términos espaciales, casi un tercio del total) pero ordenados en una distribución que permite los desplazamientos correspondientes a todas las funciones que comprende la vida de la parroquia, incluyendo la visita del obispo. El solo asumir tales funciones crea de suyo un tamaño, el cual, en el olvido actualmente tan generalizado del sentido litúrgico del templo, ha parecido a algunos como algo muy grande. Sin embargo la liturgia parece prever esa potencia del espacio del oficiante en su compostura, no sólo en razón del oficiante considerado aisladamente en sus funciones, sino como fuerza de presencia indispensable del espacio del presbiterio que haga peso frente a la nave y asegure así, por tanto, la posibilidad de participación del pueblo orante. En Corral, la autonomía del presbiterio configurada por la pulcritud del blanco, se vincula a la bóveda y al eje procesional tradicional. Entre el suelo y su emergencia (altar, ambones, gradas, comulgatorio) y la arquitectura de la altura, se traza pues una relación. En aquel tiempo pre-conciliar, el Obispo, el Párroco y la orientación de nuestros estudios litúrgicos favorecían la posición del altar cara al pueblo en oposición al altar espalda al pueblo. Pero esta última direccionalidad había logrado constituir el muro de fondo con la arquitectura adosada y en altura del altar, y establecía una fuerte unidad de lugar entre el Santísimo y la mesa del altar. La posición cara al pueblo al aislar la mesa y desvincularla del Santísimo, planteaba repensar arquitectónicamente ambos aspectos. Podría decirse que en el templo cristiano se ha conservado un residuo del templo pre-cristiano en el sentido de residencia que ostenta el lugar del Santísimo, adquiriendo así una dignidad que no admite en propiedad ser tratado en jerarquía de mero objeto litúrgico.&lt;/p&gt;</text>
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